viernes, 27 de julio de 2012

El chicle, ¿por salud? o ¿por norma?

En la actualidad hasta en los olímpicos se mastica chicle, es como si la mandíbula hubiera sufrido una mutación, y de mandíbula de Homo sapiens se  pasara  a mandíbula de Bous primigenius taurus, o tal vez se esta  tan acostumbrado a las propagandas de masticables, que el  público se deja llevar por el dulce sabor del consumo, no es una censura al consumo, es sólo que de pronto las paredes del  estómago humano no resisten el exceso de HCl, y la mandíbula que  no es de masticación continua  podría deformarse. Vale la pena consultar quién lo inventó y también porqué lo inventó, si es  en realidad es un antibacterial y por esto controla la halitosis.

En fin, para algunas personas la primera ingesta del día es un delicioso masticable, que lo acompañará por horas, máxime cuando la motivación es lograr una explosiva bomba, rompiendo la monotonía y el aburrimiento que se lleva siempre y no  deja pensar que tal vez en estos estruendos se están esfumando los escalones del conocimiento conducentes en un futuro a la cima. Ya que en ocasiones las sensaciones de un dulce masticable  distraen el trabajo de aprender, es de aclarar que todos los seres humanos son únicos y por eso estas ideas no se pueden generalizar y son sólo  un punto de vista luego de escuchar por mucho tiempo ¡PROFE POR FAVOR DÉJEME MI CHICLE, ES QUE LO ESTOY ESTRENANDO!

Sin embargo, en todos los lugares en donde la vida social transcurre, se deben cumplir  normas que aunque parezcan sin importancia, permiten dar buen término, en este caso, a las actividades que favorecen la formación personal; es ahí donde la simple masticación no permite acatar  la norma de no masticar chicle en clase. Entonces ahora, sin aumentar las cargas de adrenalina habría que pensar si es necesario,  para  cumplir pautas sencillas de convivencia, tener  que esperar un llamado de atención.

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